El gobierno cubano ha vuelto a cargar contra Estados Unidos, responsabilizándolo por la creciente ola migratoria de cubanos que buscan un futuro mejor fuera de la isla. A la vez, critica las nuevas políticas de Washington que ahora buscan deportar a muchos de esos mismos migrantes.
En una reciente entrevista en el programa oficialista Mesa Redonda, el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, afirmó que las políticas de Estados Unidos han sido un factor clave en el éxodo de cubanos y que ahora, en un giro irónico, ese mismo país pretende expulsarlos.
Según Fernández de Cossío, el “bloqueo económico” impuesto por EE.UU. ha golpeado el nivel de vida en Cuba, empujando a muchos a buscar mejores oportunidades en el extranjero. Además, sostuvo que Washington históricamente ha ofrecido un trato preferencial a los migrantes cubanos, lo que ha incentivado aún más la emigración. Ahora, con un cambio en el panorama, considera injusto que el mismo gobierno que supuestamente los alentó a irse, intente regresarlos.
“Si tienes una política diseñada para deprimir el nivel de vida de un país, es lógico que muchos de sus ciudadanos busquen alternativas en otro lugar”, dijo el funcionario. También señaló que el gobierno estadounidense ha acogido tradicionalmente a los cubanos con privilegios migratorios, y que resulta contradictorio que ahora les den la espalda.
Este discurso no es nada nuevo. El régimen cubano insiste en culpar a factores externos por el éxodo, ignorando las causas internas que realmente empujan a los cubanos a marcharse. La represión política, la falta de libertades, la crisis económica y la escasez de lo más básico han convertido la emigración en una opción casi obligada. Más que un efecto de la política exterior, se trata de la desesperanza que domina la vida en la isla.
Por otro lado, la retórica del gobierno cubano es contradictoria. Por un lado, acusa a EE.UU. de provocar la emigración cubana, y por otro, lo critica por querer devolver a los migrantes. Es un juego político que busca desviar la atención de la crisis interna. Mientras tanto, miles de cubanos siguen enfrentando incertidumbre sobre su futuro en territorio estadounidense.
En las últimas semanas, altos funcionarios del gobierno han reforzado este discurso. Miguel Díaz-Canel declaró recientemente que los cubanos en riesgo de deportación fueron “víctimas de un engaño” por parte de EE.UU., acusándolo de alentarlos a irse y ahora querer deshacerse de ellos. Fernández de Cossío también arremetió contra las políticas migratorias estadounidenses, alegando que el trato especial dado a los cubanos en el pasado ha sido una trampa.
En otro episodio, Díaz-Canel mostró su “indignación” ante el senador cubanoamericano Marco Rubio, acusándolo de promover medidas que perjudican a los migrantes cubanos. En su narrativa, el gobierno de EE.UU. es el único culpable del creciente flujo migratorio.
El canciller Bruno Rodríguez Parrilla tampoco perdió oportunidad para atacar a Washington, acusándolo de actuar con “cinismo” al deportar a personas que antes fueron bienvenidas. También disparó contra políticos cubanoamericanos, acusándolos de beneficiarse de la hostilidad hacia Cuba.
Lo cierto es que este discurso es el mismo de siempre. El régimen prefiere culpar a Estados Unidos antes que reconocer la dura realidad que viven los cubanos. La crisis económica, la falta de oportunidades y la represión siguen siendo los verdaderos motores del éxodo. Mientras el gobierno se presenta como defensor de los migrantes en EE.UU., dentro de Cuba sigue limitando las opciones para que su gente pueda prosperar sin necesidad de huir.