La desesperación se convirtió en acción cuando Migue Miki Osorio Ruiz, un cubano radicado en Houston, Texas, publicó en redes sociales una oferta que hizo saltar las alarmas: 100,000 pesos cubanos para quien ayude a identificar al joven que robó a su hermana en Guantánamo. El incidente, que dejó a la víctima sin su teléfono móvil, cadena y argollas, ha encendido aún más el debate sobre la creciente inseguridad en Cuba y la falta de respuestas efectivas por parte de las autoridades.
El retrato del sospechoso
Según la descripción compartida por Osorio, el presunto ladrón es un joven mestizo de unos 20 años, aproximadamente 1.65 metros de estatura, y vestía un pulóver y short negro con un estampado de oso. Además, llevaba consigo una mochila y una fletera, detalles que podrían ser clave para reconocerlo. El hermano de la víctima sospecha que el agresor podría ser originario del reparto Caribe y no ha dudado en pedir ayuda públicamente: «El que sepa, me tire al PV», escribió en su publicación, refiriéndose a un mensaje privado.
La justicia ciudadana toma fuerza
Este caso no es aislado. En los últimos meses, los cubanos han recurrido a métodos alternativos para enfrentar la ola de robos y asaltos que azota el país. Desde recompensas económicas hasta la difusión de imágenes captadas por cámaras de seguridad, las personas afectadas han demostrado que, ante la inacción oficial, no están dispuestas a quedarse de brazos cruzados.
En La Habana, por ejemplo, una doctora llegó a ofrecer dinero por la devolución de su título universitario robado, un documento esencial para ejercer su profesión. Otros casos similares han surgido en diferentes provincias, donde familias enteras han tenido que reforzar su seguridad tras sufrir múltiples intentos de robo en cortos períodos de tiempo.
¿Una solución o un grito de auxilio?
La decisión de Osorio de ofrecer una recompensa refleja un problema más profundo: la falta de confianza en el sistema judicial y policial. Mientras las autoridades parecen incapaces de contener la delincuencia, los ciudadanos, tanto dentro como fuera de la isla, buscan alternativas para proteger a los suyos.
Desde Texas, Osorio envía un mensaje claro: la distancia no mitiga el dolor ni la indignación cuando se trata de la seguridad de la familia. Ahora, la pregunta que queda en el aire es: ¿alguien tendrá la clave para resolver este caso?