En un hecho que parece sacado de una comedia absurda, pero que es completamente real, el Gobierno cubano ha decidido sancionarse a sí mismo. ¿La razón? Una empresa estatal ejecutaba una obra en la vía pública sin permiso vigente ni las medidas de seguridad adecuadas.
Cuando el Estado se castiga a sí mismo
Lo ocurrido fue que un oficial de tránsito, en un gesto poco común en Cuba, multó a la Empresa de Gas Manufacturado por llevar a cabo una excavación (o «pique», como se le conoce popularmente) sin cumplir con los requisitos legales.
El incidente se registró en la intersección de las calles Reyna, Águila y Ángeles, en pleno Centro Habana, y la propia Asamblea Municipal del Poder Popular lo confirmó a través de su página de Facebook.
La sanción: ¿real o simbólica?
Según la publicación, el jefe de la brigada responsable de la obra fue multado y se le retiró el permiso vencido. Sin embargo, en un giro inesperado, las autoridades decidieron concederle una prórroga para que continuara los trabajos, bajo el argumento de que detener la obra podría generar riesgos.
Es decir, se sancionó, pero al mismo tiempo se permitió que la situación siguiera casi igual.
Una rareza en el sistema cubano
Este caso llama la atención porque no es común ver que una entidad estatal en Cuba reciba una multa de otra entidad estatal. En un país donde el control es altamente centralizado y las críticas internas son escasas, ver un «autojalón de orejas» es, cuando menos, curioso.
Por otro lado, el problema de las calles en mal estado en la Isla es una de las quejas más recurrentes de la población. No es raro ver calles abiertas durante meses, llenas de zanjas y baches, debido a obras de gas, electricidad o agua que nunca parecen quedar completamente terminadas.
¿Un avance o solo una pantalla?
Esta situación deja varias interrogantes en el aire. ¿Es esto un intento real de mejorar la disciplina institucional o solo un gesto para aparentar control? Porque al final, la empresa multada pudo seguir operando sin mayores consecuencias.
En redes sociales, los cubanos han reaccionado con sorpresa, ironía y hasta con un poco de esperanza. Para algunos, que el gobierno se multe a sí mismo es una pequeña señal de cambio. Para otros, no es más que otra muestra de lo absurdo del sistema, donde las instituciones se sancionan, se perdonan y todo sigue igual.
Lo que queda claro es que, en la Cuba de hoy, hasta las multas pueden convertirse en una escena surrealista.