Si en Cuba hay algo que duele más que la escasez, es ver cómo un alimento básico como la papa se vuelve casi un sueño. Este año, el gobierno anunció que la distribución apenas alcanzará para dos o tres libras por persona, y eso en el mejor de los casos. ¿La razón? Una cosecha fallida, precios que no convencen a los agricultores y un sistema de distribución que parece diseñado para el fracaso.
¿Dónde quedó la papa?
Las bodegas ya avisaron: la libra de papa costará 11 pesos (CUP), pero muchos ni siquiera podrán comprar las tres libras prometidas. En municipios como Sancti Spíritus, apenas llegarán a dos, y en otros, menos todavía. «La producción no fue uniforme», dice Eduardo Jiménez Calzada, del Ministerio de la Agricultura, como si eso explicara por qué los campos están más vacíos que nunca.
Los agricultores no se motivaron. Les pagaban 9 pesos por libra, un precio que no compensa ni el esfuerzo ni los altos costos de producción. «¿Para qué sembrar si al final no sale rentable?», se preguntan muchos. Y así, la papa se fue quedando en el limbo, entre suelos infértiles, falta de riego y mano de obra que prefiere buscar otras formas de ganarse la vida.
Mientras, en las tiendas en dólares…
Ironías de la economía cubana: Mientras en las bodegas la papa escasea, en el Supermercado de 3ra y 70 (esa tienda en dólares que solo algunos pueden pagar) apilaban sacos de papa cultivada en Cuba. ¿Cómo? Bajo la etiqueta de Frutisel, la empresa estatal que decidió que es mejor venderla en divisas que repartirla entre los cubanos de a pie.
El resultado previsible: En el mercado negro, la libra ya se cotiza en 150 o 200 pesos, un lujo para quien gana un salario promedio de 4,000 CUP al mes. Si es en dólares, peor todavía.
Los expertos lo dicen claro: Esto es insostenible. Si no hay cambios reales en la política agrícola, la papa seguirá siendo un producto de temporada… para unos pocos.
¿Qué queda para los cubanos?
Hacer cola, rogar que alcance y pagar lo que sea necesario. Mientras, el gobierno sigue sin respuestas concretas, repitiendo el mismo discurso de siempre. ¿Hasta cuándo?