¡Qué cosa más dura! Mientras en los hospitales cubanos faltan hasta las aspirinas, hay quien se llena los bolsillos vendiendo medicinas robadas. El último escándalo salió a la luz en Pinar del Río, donde agarraron in fraganti a un enfermero del Hospital Abel Santamaría Cuadrado saliendo del centro con jeringuillas, ampollas y hasta blísteres de pastillas escondidos. ¿Y la ética profesional? ¡Por el suelo!
Pero el caso no termina ahí. Detrás de cada robo hay una cadena, y esta vez cayó Mayisney Hidalgo Barrios, una pinareña que distribuía los medicamentos en el mercado negro. ¿Cuántos pacientes se habrán quedado sin tratamiento por culpa de estos «emprendedores» de la salud? La pregunta la lanzó la página «De Canallas y sus Canalladas», vinculada al MININT, y duele más que una inyección sin anestesia.
El negocio de la desesperación
Esto no es cosa de ahora. En Holguín, pillaron a un tipo con pastillas controladas como amitriptilina y trifluoperacina (que ni en la farmacia más surtida las dan así no más). En Manzanillo, un terapeuta se había montado su «farmacia online» por redes sociales, vendiendo antibióticos y analgésicos como si fueran perfumes. ¡Qué descaro!
Y si nos vamos un poco más atrás, en 2021, en Guantánamo, desmantelaron una red de más de diez personas que traficaba medicinas importadas desde EE.UU. y Rusia. Hasta en plena pandemia, cuando el COVID-19 estaba a todo lo que da, hubo médicos y enfermeros en Ciego de Ávila que desviaron fármacos para venderlos a precios de oro. ¿No les da vergüenza?
¿Por qué pasa esto? La cruda realidad
La respuesta es tan obvia como triste: falta de medicamentos, salarios miserables y un sistema de salud que se cae a pedazos. Mientras BioCubaFarma instala cámaras y refuerza la vigilancia, el problema sigue creciendo. No es solo un tema de seguridad, es un síntoma de algo más profundo.
¿Cuántas abuelitas se quedan sin su presión alta porque alguien vendió sus pastillas? ¿Cuántos diabéticos arriesgan su vida porque la insulina desapareció del hospital y apareció en el mercado negro? El robo de medicamentos no es un delito cualquiera: es jugar con la vida de la gente.
¿Hay solución?
Las autoridades prometen mano dura, pero mientras no se resuelvan el desabastecimiento y los salarios de hambre, esto no va a parar. La gente necesita medicinas, no discursos.