El silencio del parque Phil Hardberger en San Antonio, Texas, se rompió este miércoles con un drama que ha conmocionado a la comunidad cubana. Duniel Arjona Soto, un cubano de 34 años, apareció muerto junto a su hijo de un año, Benjamín Arjona Palacio, en lo que las autoridades califican como un brutal caso de homicidio-suicidio.
La escena dantesca se descubrió cuando un familiar, alertado por una angustiosa llamada de Duniel alrededor de las 8:00 p.m. del 26 de marzo, corrió al parque solo para encontrar lo impensable: padre e hijo sin vida dentro de un automóvil, ambos con múltiples heridas de arma blanca. La policía confirmó después que el pequeño Benjamín habría sido apuñalado por su propio padre, quien luego se quitó la vida.
Jessica Pérez, una testigo que paseaba a su perro cerca del lugar, describió la atmósfera como «cargada de dolor». «Es devastador pensar que un padre pueda hacerle esto a su propio hijo», comentó con voz quebrada a los medios locales. El área, normalmente llena de risas infantiles y ladridos juguetones, se transformó por horas en una escena del crimen acordonada por la policía.
Lo más desgarrador de esta historia es que Benjamín apenas comenzaba a vivir. Con su primer año de vida recién cumplido, el pequeño nunca tendrá la oportunidad de crecer, mientras su madre y familiares enfrentan ahora un duelo imposible de comprender.
Este trágico suceso marca el segundo caso fatal que involucra a cubanos en San Antonio en menos de un mes. La comunidad aún no se repone de la muerte de Mariadelis Labrador Siles, la joven cubana asesinada recientemente durante su caminata matutina.
Las autoridades continúan investigando qué pudo llevar a Duniel a cometer este acto atroz. Mientras tanto, en las calles de San Antonio y en los hogares cubanoamericanos, la pregunta que todos se hacen es por qué. Por qué un padre arrebataría la vida de su propio hijo, por qué el dolor se expande como mancha de aceite en esta comunidad que solo busca un futuro mejor lejos de su tierra.