José y Mariela, nombre que utilizaremos para que este matrimonio de cubanos no sufra represalias por parte del régimen, aún no terminan de asimilar la pesadilla que están viviendo. Luego de vender todas sus pertenencias y su vivienda en Cuba para emprender la travesía hacia Estados Unidos, la pareja regresó forzosamente a La Habana en la tarde de hoy, deportados bajo la nueva política migratoria implementada por la administración del presidente Donald Trump.
El matrimonio había ingresado a EE.UU. por la frontera con México en 2023, beneficiándose del desaparecido programa CBP One, que les permitió presentarse ante las autoridades migratorias y obtener el estatus de libertad condicional con el formulario I-220A. Durante la administración de Joe Biden, miles de cubanos lograron acceder a este mecanismo con la esperanza de regularizar su situación en el país norteamericano. Sin embargo, con la llegada de Trump nuevamente al poder, la política migratoria ha dado un giro radical, y una ola de deportaciones ha comenzado a afectar a muchos de estos migrantes.
“Perdimos todo por el sueño americano y ahora volvemos con las manos vacías”, lamenta José Luis en conversación con este medio. “Vendimos nuestra casa, nuestros muebles, lo que habíamos conseguido con años de esfuerzo, y ahora estamos aquí sin nada”.
Según explica Mariela, la única opción que les queda es quedarse temporalmente en casa de sus padres, en un pequeño apartamento en Centro Habana. Sin trabajo, sin vivienda propia y con pocas opciones inmediatas, el panorama se les presenta desolador.
“El gobierno cubano no nos da ninguna solución y, en EE.UU., nos sacaron como si fuéramos criminales”, añade con amargura. “Cuando llegamos allá, seguíamos las reglas, no cometimos delitos, trabajamos en lo que pudimos. Pero ahora nos devuelven sin contemplaciones”.
«Es difícil para todos», confiesa Mariela. «Mis padres ya tienen problemas económicos, y ahora somos dos bocas más que alimentar. No sabemos cuánto tiempo podremos quedarnos aquí».
La situación económica en Cuba, agravada por la crisis actual, no ofrece muchas oportunidades para quienes regresan al país después de haberlo dejado todo atrás. José, quien antes de emigrar trabajaba en la construcción, teme que no pueda encontrar empleo estable. «Aquí no hay materiales, no hay proyectos, no hay nada», dice con frustración. «No sé cómo vamos a salir adelante».
La situación de este matrimonio no es un caso aislado. Expertos señalan que el endurecimiento de las políticas migratorias de Trump apunta a la eliminación de los beneficios otorgados bajo Biden y un incremento en la expulsión de aquellos que ingresaron de manera irregular.
Mientras tanto, José Luis y Mariela intentan encontrar la manera de reconstruir sus vidas en una isla que, según ellos, les ha cerrado todas las puertas. “Volvemos a empezar de cero en un país que ya no es el nuestro”, concluye José Luis con resignación. “Pero no nos queda de otra”.
Organizaciones de derechos humanos han denunciado que muchas de las personas deportadas enfrentan situaciones extremas en sus países de origen, como pobreza, falta de vivienda y persecución política. «Estamos viendo casos desgarradores de familias que lo perdieron todo y ahora están siendo devueltas a condiciones de vida insostenibles», afirma María González, portavoz de una ONG que trabaja con migrantes cubanos.