En un discurso pronunciado este lunes ante el Segmento de Alto Nivel del 58º período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, dejó claro que el régimen cubano no contempla ningún cambio en su política interna, pese a la aguda crisis económica y social que enfrenta la isla.
El bloqueo como excusa
Rodríguez, fiel al guion oficialista, centró su intervención en denunciar las sanciones económicas de Estados Unidos, a las que calificó como la causa principal de las dificultades que sufren las familias cubanas. “El bloqueo económico provoca inflación, baja disponibilidad de combustibles, alimentos, medicinas y graves daños al servicio eléctrico”, afirmó el canciller.
Además, aseguró que estas sanciones “obstaculizan el disfrute pleno de los derechos a la alimentación, la salud, la cultura y la educación”, que, según él, el Estado cubano provee de manera gratuita o ampliamente subsidiada. Sin embargo, Rodríguez omitió mencionar las fallas estructurales y la mala gestión del gobierno cubano como factores determinantes de la inflación, la escasez de alimentos y medicinas, y el colapso del sistema eléctrico que azota al país desde hace cinco años.
Ataque a Occidente y defensa del régimen
Durante su intervención, el canciller arremetió contra los países occidentales, acusándolos de instrumentalizar el Consejo de Derechos Humanos para atacar a naciones que no se subordinan a sus intereses. “Los intentos de los países occidentales de convertir este Consejo en un represor contra países que no se subordinan a sus intereses son inaceptables”, afirmó.
Rodríguez también señaló a Estados Unidos como “cómplice activo del genocidio israelí en Gaza” y condenó la reciente inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo. Sin embargo, no hizo referencia a las violaciones de derechos humanos documentadas dentro de la isla ni a la falta de libertades fundamentales para los propios cubanos.
“Cuba se mantendrá firme”
La frase más contundente del canciller fue la que marca la línea política del régimen: “Cuba se mantendrá firme en su creativa y abnegada resistencia”. Esta declaración reafirma el inmovilismo del gobierno cubano, que continúa priorizando su modelo ideológico por encima de las necesidades y demandas de la población.
Mientras Rodríguez defendía la “soberanía” y el “Estado socialista de derecho y justicia social”, en Cuba la realidad es otra: apagones prolongados, inflación descontrolada, falta de alimentos y medicamentos, y una creciente represión contra quienes se atreven a alzar la voz.
La resistencia del pueblo cubano
La “creativa y abnegada resistencia” de la que habla el canciller se traduce en la supervivencia diaria de millones de cubanos atrapados en una crisis que parece no tener fin. En las calles de Cuba, la “dignidad plena del hombre” que prometió Rodríguez suena cada vez más vacía, mientras la desesperanza y el agotamiento marcan el pulso de una nación que ya no aguanta más.
Sin señales de cambio
Las palabras de Rodríguez en la ONU confirman lo que muchos temían: No habrá cambios ni reformas que alivien el sufrimiento del pueblo cubano. El régimen se aferra a su discurso de resistencia mientras la población enfrenta, cada día, las consecuencias de una economía colapsada y un sistema político cerrado a cualquier apertura democrática.