No creerás lo que hizo este hombre para quitarse el estrés

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Hice una curación de bosque.

Tiene una explicación. Hace unos días recibí una invitación por email del Instituto DKV de la Vida Saludable para experimentar una técnica pionera en Europa denominada Shirin-yoku, o curación de bosque, que ayuda a mejorar mi salud física y mental sumergiéndome en los adentros de la naturaleza con técnicas sensoriales.

Habría pasado olímpicamente si no fuera porque llevo unos días con una presión terrible sobre mi zona occipital a causa del maldito estrés. Ya sabes a lo que me refiero.

Como me prometían una experiencia más allá de la típica chapa promocionera, me animé a pasar un día entre helechos septentrionales y periodistas con el objetivo de salir de la redacción y estirar las piernas.

Five Star

Me explicaron los beneficios de salud que conlleva tener contacto regular con la naturaleza y después comenzó la curación.

arboles-abrazos-02Ya adentrados en el bosque, el guia cogió una rama del suelo y nos invitó a conectar los sentidos con distintos ejercicios: “Cierren los ojos, abran las palmas de las manos orientadas hacia el frente y sientan la energía que la naturaleza les quiere transmitir”.

Está pirado y esto parece una secta que en cualquier momento presenciará un suicidio colectivo a lo Jonestown, pensé. Acto seguido nos propuso respirar lentamente y sacar la lengua para probar el aire del bosque y, aunque seguramente se podría considerar uno de los actos más ridículos de mis últimos años, sentí una revelación. Saboreé el petricor, los cantares de las currucas salvajes se manifestaron y despejé la mente. Por un instante olvidé los emails y las obligaciones y me mimeticé en la naturaleza. Era Jordi, el hombre-liquen.

Con esta transformación, encaré la actividad de otra forma. El siguiente paso fue caminar muy lento por una senda hasta las verdes profundidades a ritmo de caracol.

Sentarnos en un rinconcito del bosque fue la penúltima actividad. Consistía, simplemente, en contemplar. Al parecer hay gente que es tan adicta a la ciudad que vuelve entre lágrimas tras fijarse, por primera vez en su etapa adulta, cómo es una maldita abeja. Sí señor. Llorar por insectos sería otro gran objetivo conseguido para un hombre-liquen.
arboles-abrazos-04Para acabar, brindamos con un té de hojas que el timotel fue recogiendo por el camino para despedir la actividad. No sé si fue esa extraña mezcla de hierbas o el impetuoso impulso del hombre-liquen que por un instante fui, pero de camino al club de tenis sentí la llamada de una encina centenaria que me embaucó con sus armas seductoras.

Sí, abracé un árbol. Lo abracé vivamente mientas experimentaba una satisfactoria conexión que me evadió de mi triste y solitaria existencia.
arboles-abrazos-01(Con información de Infobae)

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