Masacre en Texas: “Los niños lloraban. El asesino se acercaba y los mataba”

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Joaquín y Rosana Ramírez, supervivientes de la masacre en Texas. Foto Pablo de Llano

¡Morirán todos!”, gritó Devin Patrick Kelley cuando el domingo, alrededor de las once de la mañana, irrumpió en la iglesia baptista del pequeño pueblo texano de Sutherland Springs (600 habitantes) y comenzó a disparar su rifle Ruger AR-556 contra las decenas de personas allí congregadas.

Mató a 26, pero no al azar, según el relato de Joaquín Ramírez y su esposa Roseanne Solis, que sobrevivieron al tiroteo: primero disparó a quienes estaban al cargo de la cámara y el audio de la ceremonia, y luego avanzó por el pasillo central hacia el altar y pareció apuntar contra los bebés que lloraban y contra todo aquel que gritara o hiciera ruido.

De las 26 víctimas mortales, la mitad eran niños, el más pequeño de año y medio. También murió una mujer embazada. Solis resultó herida en el hombro.

Ramírez y Solis decidieron en el ultimo minuto ir ese día a la iglesia, según han narrado a la emisora KSAT. “Escuché fuegos artificiales, ta-ta-ta”, recuerda ella sobre el inicio del tiroteo. “Todo el mundo comenzó a gritar, agachándose, metiéndose debajo de cualquier sitio donde pudieran esconderse, era aterrador, disparaba a discreción”, rememora.

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A su alrededor, la gente caía derribada ensangrentada por la balacera. Luego, silencio. “Creí que sería la policía”, explica Solis, “pero todo el mundo decía, ‘callad, callad, es él, es él”. Entonces gritó: “¡Morirán todos!”, añadiendo un insulto, según el relato de Solis.


Según su relato, había 25 niños en la iglesia. Su esposo recuerda haber visto a uno de ellos, Annabelle Pomeroy, la hija de 14 años del pastor (sus padres no estaban en la iglesia). Estaba gritando pidiendo auxilio. Él la hizo un gesto con el dedo para que se callara, cuenta.

Dentro de la iglesia se hallaron 15 cargadores de 30 balas cada uno, según los investigadores. En el coche de Kelley se encontraron dos pistolas, una Glock de nueve milímetros y una Ruger 22, según ha narrado el agente federal Fred Milanowski a la cadena CBS.

El presunto asesino fue expulsado de la Fuerza Aérea por agredir a su ex esposa en 2012 y golpear a su hijo hasta fracturarle el cráneo. Sin embargo, los militares no comunicaron al FBI lo ocurrido, como requieren sus normas, por lo que Kelley pudo comprar las armas que usó en la matanza sin problema.

Los investigadores sospechan que la matanza tuvo motivos relacionados con violencia familiar: el presunto asesino había enviado mensajes amenazantes a su ex suegra, que atendía en ocasiones al servicio religioso en esa iglesia (no lo hizo el día de la matanza).

(Tomado de Telemundo)

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