La paradoja de ganar la Copa Confederaciones, no ganar la Copa del Mundo

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En la Copa Confederaciones ganar es también prepararse para perder. O por lo menos así lo ha sido desde que en 1992 comenzó a disputarse el torneo que reúne a las seis mejores selecciones de cada una de las confederaciones que integran la FIFA, al último campeón del mundo y al país anfitrión del siguiente mundial.

Y es que nunca un campeón de la Copa Confederaciones ha podido ser campeón de la Copa del Mundo al año siguiente.

Fue así también cuando se estaba gestando la copa como la conocemos hoy, cuando se conocía como la Copa del Rey Fahd, y hay quienes consideran que se trata de un maleficio.

Ni Brasil, que ha ganado el torneo en cuatro oportunidades y el mundial dos veces en ese período, ha podido romper la maldición.

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En el deporte los maleficios se rompen y las estadísticas están para desafiarlas, pero lo que ha ocurrido en los 25 años de historia de la Copa Confederaciones resulta como mínimo desalentador para la selecciones que participan en ella.

Argentina fue el primer país en coronarse campeón en 1992 con una selección que parecía imparable para la época. Un año antes había ganado la Copa América y meses después repetiría el triunfo continental en Ecuador.

Pero en 1994 apareció la enfermera, “le cortaron las piernas” a Maradona y se terminó el sueño mundialista en Estados Unidos.

Luego Dinamarca y Brasil, campeones en 1995 y 1997, no pudieron evitar las celebraciones de Francia en su propio mundial y fueron derrotadas por Zidane y compañía, los daneses en la primera fase, la verde amarela en la final.

Situación similar sufrieron México, campeón en 1999, y la misma Francia, titular en 2001, que pasaron discretamente por la Copa del Mundo de Japón y Corea del Sur en 2002.

Cuatro años después se mantuvo la tendencia y los campeones de la Copa Confederaciones en 2003 (Francia) y 2005 (Brasil) no pudieron hacer nada para evitar el título conquistado por Italia en el mundial de Alemania.

¿Hexacampeón?

El maleficio ha perseguido a los pentacampeones mundiales desde entonces, que han visto como el éxito en la confederaciones ha contrastado claramente con sus participaciones mundialistas.

Ocurrió en Sudáfrica en 2010, cuando fueron eliminados en cuartos de final por Holanda y cuatro años después con la mencionada humillación ante Alemania.

Pero la canarinha no está este año en Rusia, para alegría de los torcedores, y su ausencia permitirá que el próximo 2 de julio se proclame un nuevo campeón, uno que no podrá evitar que lo acompañe la incertidumbre de qué pasará en el Mundial del próximo año, si es que logra clasificar.

Para la selección derrotada, y las otras seis que fueron quedando en el camino, habrá en un principio un poco de decepción, pero eso dará paso a una sensación de alivio.

A fin de cuentas, en un mundo como el fútbol dominado por las cábalas y las supersticiones de jugadores y aficionados, perder en la Confederaciones puede que llegue a ser un mal menor.

(Con información de BBC Mundo)

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