La odisea de los subsidios para la vivienda en Cuba (+ Infografías y PDF)

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Idalberto Cejas Barba ha vencido casi todas las etapas para recibir un subsidio. Alguna vez, como era lógico, intentó desistir. Necesita arreglar su casa en Santiago de las Vegas. Vive con su madre, que ya no puede salir de la cama. Vive con su esposa, que cuida a la suegra.

Después de un largo tiempo, Idalberto superó los primeros niveles de entrevistas y, debido a las condiciones de su vivienda, pasó a la siguiente fase. Hizo la solicitud del subsidio el 11 de marzo de 2014. Tres años después, en marzo de 2017, le fue aprobada. Todo parecía marchar bien, incluso, tres años más tarde. Ya tenía la notificación de parte de la Dependencia Interna del Consejo de la Administración Municipal (CAM) de Boyeros, su municipio de residencia, para que acudiera a firmar el contrato.

En una última relectura a su expediente, los funcionarios hallaron un error que desde hacía tres años habían pasado por alto. En algunos de los documentos que conformaban su expediente -el #143/14- su apellido aparecía, indistintamente, con o sin ‘s’.

De acuerdo con el reglamento para el otorgamiento de subsidios, aprobado por el Consejo de Ministros en el año 2012, el  financiamiento disponible  para  el  subsidio se corresponde con el 48,5 % del impuesto recaudado sobre la venta en la comercialización de materiales de construcción en las  provincias, desglosado de la siguiente forma: el 40% se destinará a los Consejos de la Administración Provinciales (CAP) y del municipio especial  Isla de la Juventud, y el 8,5% se utilizará en la creación de una reserva central del Presupuesto del Estado.

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Con las nuevas modificaciones, realizadas a la ley en el presente año, del 60% de lo recaudado, un 51,5% se destina a los CAP y el municipio especial de Isla de la Juventud, y el resto pasa a una reserva central.

A pesar de que la concesión de subsidios para acciones constructivas constituye una importante medida para beneficio de una parte de la sociedad cubana (más de 53 mil casos han culminado esas acciones y han mejorado su hábitat), existen varias irregularidades relacionadas tanto con el proceso de otorgamiento, como con el cumplimiento de lo establecido en el contrato que ofrece dicha subvención.

Por una parte, están presentes trabas burocráticas de diferentes organismos como las demoras en el proceso de entrega del subsidio. En otras ocasiones algunas familias no pueden realizar las construcciones dentro de los plazos establecidos.

¿Cómo se otorga un subsidio?

Para solicitar un subsidio, toda persona natural cubana debe regirse por determinados pasos básicos sin saltarse ninguno de ellos.

Según María Josefina Aguilar Figueredo, Jefa del Departamento de Subsidio en la oficina de vivienda de Plaza de la Revolución, para solicitar el dinero se debe tener original y fotocopia del título de propiedad, documento legal (carné de identidad), tres cartas de solicitud donde se plantee su necesidad de reparación de la vivienda y el propietario es quien solicita el trámite.

El proceso comienza cuando la persona hace la solicitud. De ahí se distribuye su expediente, que es enviado hacia la Dirección de Trabajo y Seguridad Social. En ese momento empieza la investigación socio-económica y el técnico inversionista visita a la vivienda para hacer una inspección.

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“En ocasiones la persona solicita un subsidio para hacer una reparación de cocina y baño, y cuando el técnico inversionista diagnostica la vivienda hay otros problemas más grandes que no son los que la persona detectó. Nosotros, como inversionistas, tenemos la obligación de hacer la tarea técnica y otorgar el monto por el requerimiento que lleve la vivienda”, agregó Aguilar Figueredo.

La especialista explicó: “después de que el CAM aprueba el subsidio y cita a la persona, se le hace entrega de los documentos legales y el solicitante debe dirigirse al banco. Entonces entramos nosotros (Vivienda) otra vez a visitar el caso, para interactuar con la persona y explicarle por qué se le otorgó el subsidio y la tarea que tiene que hacer en su domicilio. El técnico le explica qué cambios debe realizar y los materiales que necesita comprar”.

“Cuando se aprueba el subsidio, en el cheque que se da, se destina un dinero específico para la compra y adquisición de los materiales de construcción en los rastros o puntos de ventas. Hay otra cantidad destinada para pagar la mano de obra -el albañil o el plomero, que debe ser un cuentapropista. La persona va luego junto con el cuentapropista al banco y cobra el dinero que se le asigna para la mano de obra. Dentro del presupuesto hay una parte para la transportación, pero con eso sí han existido muchos problemas porque no hay transportistas que quieran cobrar por ello, debido a que el monto es bajo en comparación con lo que se paga en la calle”, comenta María Josefina Aguilar Figueredo.

Añade la especialista que luego de aprobado el subsidio, los beneficiados van al rastro con el documento que le da el banco (un vale de compra) y piden los materiales en el rastro. Con ese modelo regresan al banco y se les rebaja, del total, el dinero del coste por los materiales. Luego se le entrega otro modelo que tiene que llevar de vuelta al rastro para pagar los materiales y así concluir ese complicado proceso burocrático.

¿Quién puede ser beneficiado con un subsidio?

La legislación vigente que rige los procedimientos de otorgamiento y ejecución de subsidios para las viviendas establece que solo pueden optar por esta subvención estatal las familias necesitadas ¿Pero cómo se pueden determinar objetivamente dichas necesidades?

Una vez realizada la solicitud del subsidio, los técnicos de vivienda acuden al inmueble para detectar si en realidad precisa de una reparación y definen el monto económico de la misma; luego los trabajadores sociales del municipio se encargan de verificar si la familia posee problemas económicos que le impidan reparar su domicilio por esfuerzos propios.

Ammy Romero Charchabal, trabajadora social de la Dirección Municipal de Trabajo y Seguridad Social de Boyeros, quien está al frente del proceso de los subsidios en esta entidad en el municipio, explica que “al llegar a la vivienda se crea un expediente con las condiciones de la casa: integrantes, vínculos laborales; se conforma un documento (Investigación Socio Económica) que se pasa a la oficina de Vivienda y de ahí al CAM.”

Destaca que a la ley de subsidios se le realizaron modificaciones recientemente, las cuales comenzarán a tener vigencia a partir del próximo año, debido a que en el presente año no se aceptarán nuevas solicitudes en el país.

Romero afirma que “en la nueva ley (publicada en la Gaceta Oficial No. 15 Extraordinaria de 11 de abril de 2017) se establecen unos incisos específicos que deben cumplirse. El próximo año, por ejemplo, para que se otorgue el subsidio no pueden haber desvinculados en el núcleo familiar. Van a proceder madres solteras con dos o más hijos menores, pues el ingreso del núcleo no le alcanza para sustentar los niños ni, a su vez, llevar a término la acción constructiva que requiera hacer. También está el caso de ancianos solos que estén jubilados, pues tampoco la jubilación alcanza para llevar a cabo una obra de este tipo”.

 

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“Quienes están vinculados laboralmente deben presentar cartas de los centros de trabajos en las cuales recursos humanos certifique su salario. Antes no se hacía así, y cuando ibas a las casa las personas te podían decir cualquier salario,  por bajo que fuese, y nosotros teníamos que ponerlo en el expediente. En el caso de los cuentapropistas deben presentar documentos de la ONAT donde estén declarados sus pagos e impuestos”, añadió Romero Charchabal.

¿Cómo se determina el monto del subsidio?

Alicia Mora Siscal, Técnica de la Dirección Municipal de la Vivienda en el municipio Plaza, es una de las dos funcionarias encargadas del seguimiento a los subsidios otorgados en los ocho Consejos Populares del municipio.

Mora comenta que para determinar el monto del subsidio se guían por la cartilla técnica que trae lo establecido para cada elemento de la casa y luego calculan, según sus apreciaciones, cuál será la cantidad final.

Explica que una vez aprobado el subsidio se debe dar seguimiento a la obra. “No se trata de construcciones estatales, donde se trabaja todos los días; esto es a suerte y verdad. A veces llegas a las viviendas y te encuentras un albañil y en un mes está terminada la obra, pero en otros casos hay subsidiados que tardan un año en encontrar a alguien que ejecute la tarea y la acción constructiva demora más”.

Alicia señala que se han presentado casos en los que visitan las casas todos los meses y en el periodo de un año no han avanzado nada por falta de materiales en los rastros, de mano de obra, por enfermedad u otro problema.

En el municipio Plaza, por ejemplo, existen subsidios aprobados desde el 2012 que no se han podido cerrar aunque -explica la funcionaria- esta situación se debe, en muchos casos, a que por problemas de salud los beneficiados no han podido construir y han pospuesto la obra.

También ha pasado que la persona solicita una reparación mayor y cuando llega el técnico a la vivienda hay una grieta o falta algún latiguillo, y como son reparaciones que llevan un monto menor de dinero, entonces no procede.

Concluye Mora en que el proceso de subsidios no se puede ver como algo cerrado y con números preconcebidos porque no todos los casos son iguales ni las condiciones de las viviendas son las mismas.

“La cartilla técnica propone un dinero exacto. Hay casas más grandes y otras más chiquitas en las que a lo mejor sí alcanza el dinero para reparar el baño, porque hay baños más chiquitos que otros, pero en las casas grandes tienes que hacer maravillas con ese dinero. Eso trae disgustos en parte de la población que se acerca a solicitar un subsidio, pues piensa que con este va a poder reparar toda la vivienda”.

La técnica añade que en el caso de los usufructuarios y los arrendatarios solamente se otorgan hasta 11 mil pesos, mientras a los propietarios se les da hasta 85 mil pesos si la obra lo requiere.

A la Célula Básica Habitable (CBH), por ejemplo -conformada por 25 metros cuadrados y que incluye un cuatro, un baño, la cocina y un patio de servicios pequeño- se le otorga un financiamiento de hasta 85 mil pesos en moneda nacional.

La mayoría de las acciones que se dan en nuestro territorio son para recuperaciones o restituciones de baño (hasta 11 mil pesos), reparaciones de cubierta (10 mil 900), puntualizó.

Lo establecido no se puede violar porque en el catálogo está precisada la cuantía, sentenció Alicia Mora.

Irregularidades y obstáculos

Fidel Rendón Matienzo, delegado a la Asamblea Provincial del Poder Popular y periodista de la Agencia Cubana de Noticias alerta sobre las irregularidades y tendencias negativas que se han ido detectando en el proceso de entrega de subsidios.

“Ha habido de todo, como en botica: otorgamientos a familias y personas que no lo necesitan, que no tiene por qué ser subsidiados por el país, ya sea por sus altos ingresos o porque no tienen una situación de urgencia”.

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“El estado ha otorgado cifras millonarias de dinero a los gobiernos locales y ese presupuesto no ha sido utilizado siempre para nobles propósitos. Un asunto tan serio como la vivienda, que es uno de los problemas sociales más grandes que tiene el país no ha tenido todo el seguimiento, ni la atención que merece. Esto ha traído consigo sanciones a funcionarios por actuar de una manera indebida. Se han tomado medidas fuertes en los gobiernos de aquellos municipios donde ha habido dificultades serias o demoras”, agregó.

Las personas subsidiadas afrontan inconvenientes en cuanto al abastecimiento y la transportación de los materiales. Existen, además, impedimentos para la realización de la acción constructiva por parte de los albañiles.

En muchos rastros faltan de determinados materiales y sigue siendo necesario esperar a que lleguen o, de lo contrario, ir a otros más lejanos a buscarlos.

A veces no hay cemento, acero (cabillas) y algunos elementos de terminación, (herrajes, sobre todo). Sin embargo, muchos de esos productos los ofertan particulares pero el banco no permite hacer otras transacciones con ellos más allá del pago de la fuerza de trabajo y la transportación.

Al respecto, un lector/a identificado/a como ‘DSB’ comentó en Cubadebate: “a mi abuela de 83 años le otorgaron el subsidio (para las condiciones constructivas deplorables en que se encontraba la vivienda no le dieron el monto que correspondía). Pasé mil trabajos, muchas madrugadas en el rastro y ausencias a mi centro de trabajo. Muchas veces falté en vano, porque no resolví nada, y todo para lograr adquirir una parte de los materiales (otros en el transcurso de casi un año nunca aparecieron). El estado no disponía de transporte para transportar los materiales”.

“Nunca pude conseguir quien me realizara la mano de obra pues siempre que veían el estado del inmueble me decían que era muy poco dinero con el que contábamos para pagarles, según lo que nos normó el estado para este servicio. Fin de la historia: se venció el plazo del subsidio, también la prórroga solicitada. Hubo que hacer renuncia y entregarlo todo. Mi abuela falleció con el sueño no cumplido de tener una vivienda con las condiciones mínimas para habitarla. Verdaderamente triste”, concluyó.

María Mercedes Pérez Herrera, trabajadora estatal, refiere que en el rastro los materiales que más ha podido resolver son las cabillas. “Nunca hay cemento, ni gravilla, ni arena. Nunca hay nada. Hay personas que compran los materiales para revenderlos y los trabajadores de ahí le dicen a una que no han llegado los materiales”.

Algunos entrevistados inmersos en el proceso opinan que para dar solución al problema de la transportación se necesita aumentar el presupuesto del subsidio destinado para esa tarea específica o que, por otro lado, las propias autoridades pongan camiones que brinden el servicio a la población al costo que las regulaciones establecen.

Por otro lado, una lector/a identificado/a como ‘Angie’, en nuestra web, aludió a las irregularidades en el proceso de documentación y las implicaciones que conlleva. “A la abuela de mi novio le entregaron un subsidio porque se le derrumbó la mitad del techo y la otra quedó apuntalada (baño, sala y cocina). Allí viven dos adultos, una anciana y una menor de edad. La entrega del subsidio fue muy certera, sin embargo, los papeles necesarios para tener la licencia de construcción llevan un año ya y no van ni por la mitad. Se han comprado muchos materiales y están echándose a perder, se ha botado el dinero del estado, del pueblo, porque no le dan todavía la licencia de construcción y no ha sido por falta de preocupación de esta humilde familia. En los papeles que les han hecho, incluso, se han cometido errores”.

Para Juan Carlos Mejías Palacios, Jefe del Departamento que atiende Subsidios en la Oficina Municipal de Vivienda en Boyeros, la solución al problema de la transportación está en una mayor regulación de la actividad que realizan los cuentapropistas.

“La situación con los transportistas es compleja. Hay que ponerse en el lugar del estado, que piensa por toda la nación, y dejar de pensar solo en nosotros. Debemos ajustarnos al monto que otorga y ayudar a los subsidiados que, a fin de cuentas, son las personas necesitadas de ese apoyo por parte de los transportistas”.

“Nosotros definimos un monto para gastos de transportación, pero el cuentapropista, que es dueño del camión, cobra el precio que él entiende, y no debe cobrarle igual a cualquier particular que a la persona subsidiada, pues esta cuenta con el dinero establecido por el estado”, expresó Mejías.

Ante esta situación los más perjudicados son los subsidiados, quienes se las tienen que ingeniar con el tema del traslado de los materiales y están presionados por el tiempo, pues solo tienen 18 meses para llevar a cabo la ejecución de su obra (aunque con derecho a prórroga).

Pérez Herrera contó que unos cuentapropistas le cobraban 25 CUC por llevar las cabillas. “Son solo cuatro cuadras y ese dinero sale de los 4 mil pesos que me dieron para el transporte. Al no resolver, mi marido ha traído poco a poco las cabillas en una carretilla”.

Mejías Palacios explica que, en busca de una solución para esta problemática, se ha tratado de que las compras se realicen en los rastros más cercanos a la vivienda del beneficiado y que se cargue la mayor cantidad posible de materiales en cada viaje.

¿Por dónde le entra el subsidio al edificio Lefont?

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Uno de los aspectos que más ha afectado a la población en el otorgamiento de subsidios es la secuencia de trabas burocráticas que deben sobrepasar antes de hacer la solicitud. Sortear estos obstáculos es a veces tan difícil como construir la casa por esfuerzo propio.

María y su esposo son una de las 78 familias que permanecen en un limbo legal, el cual les impide realizar gestiones que van desde la compra de la canasta básica en el propio municipio hasta la solicitud de un subsidio para mejorar sus maltrechas viviendas.

Muchas de estas personas habitan en el edificio Lefont, ubicado en la transitada Calzada del Cerro, desde que, a finales de la década del 90′, la Dirección Municipal de Salud emitiera una resolución en la que otorgaba el inmueble a trabajadores de ese sindicato.

El transcurso del tiempo, la antigüedad del inmueble y la falta de recursos para su reparación provocaron que, actualmente, parte del edificio se halle en un estado crítico de deterioro y que una buena cantidad de los vecinos viva en condiciones críticas.

Esther Brunet, una las habitantes del inmueble, explica que en reiteradas ocasiones ha acudido ante las autoridades del municipio Cerro en busca de una solución para su vivienda, pero no ha recibido respuestas concretas.

“Yo quisera pedir un subsidio, o que me den un cuartico en otro lado, pero cuando me atienden, me explican que por la situación del lugar y los problemas de legalidad de nosotros con los papeles, que no se nos ha dado la titularidad, el subsidio no se puede otorgar”.

“Al mismo tiempo me dicen que no tienen un lugar donde meterme y yo lo que sé es que no puedo seguir aquí. Este cuarto se moja completo y las paredes están cuarteadas. Los que han venido a ver la casa han dicho que lo que lleva es demolición, pero no se ha podido hacer nada porque la Vicepresidenta de Construcción a nivel municipal, dice que no tiene un local para el que podamos ir”.

Con respecto a esta situación generada en el edificio Lefont, construcción que data del siglo XIX, Lenka Terry, la citada Vicepresidenta del Gobierno, argumenta que la situación de los vecinos del lugar “es complicada” y que “no está en sus manos resolver algunas cosas, sino que depende de instancias a nivel provincial”.

“Nosotros no podemos admitir solicitudes de subsidio de vecinos del edificio Lefont por tres causas fundamentales. Primeramente, para otorgar el subsidio, según la resolución 77 del 2013, es preciso que el solicitante tenga la condición de titularidad y en este caso ninguno de los habitantes del lugar la posee”.

Podría otorgárseles, dado que es una construcción que Salud Pública les confirió a través de un cambio de uso, pero la problemática está en que hay dictámenes de entidades de la construcción y otras de control sanitario que establecen que el lugar no es habitable hasta tanto se resuelvan algunos problemas, como demolición de algunas viviendas y restauración de redes sanitarias. Por otro lado, el edificio no consta inscrito en la Dirección Municipal de Justicia con el número con el que a los residentes se les otorgó, lo que dificulta el proceso hasta tanto el edificio aparezca registrado en documento.

Lenka agrega que las autoridades de Salud Pública, quienes otorgaron espacio para viviendas en este lugar que funcionó algún tiempo como asilo, “se quitaron el problema de encima y al final hoy las personas tienen el problema de ilegalidad, no porque hayan hecho un acto como introducirse ilegalmente en un espacio, sino porque carecen de un escrito que los ampare como titulares del inmueble”.

La carencia de este documento no ha permitido a los habitantes del Lefont realizar determinadas gestiones como cambios de dirección, solicitud de tarjeta de abastecimiento en el municipio, contrato de servicios como gas y agua (servicios que no pagan, y la electricidad solo la pagan algunos núcleos familiares) o la solicitud de un subsidio que permita a algunos mejorar las condiciones de su vivienda.

Existen otros casos similares cuya respuesta ha dependido más de la comprensión y el ágil trabajo de los dirigentes que de las pautas y normas que establezca cualquier documento.

¿Los subsidiados son siempre responsables?

Hay que reconocer que no siempre son las autoridades quienes actúan mal. En  ocasiones es la población la incumplidora.

Adolfo Ángel Millares León, Director de la Dependencia Interna del Consejo de la Administración Municipal del Poder Popular en Arroyo Naranjo se refiere a esta situación desde varias aristas.

“Aquí en el municipio aún no se han terminado de procesar todas las solicitudes del año 2013 y ya vamos por más de 2 mil 500 expedientes radicados. Con el resto de los expedientes se va a hacer el mismo proceso de selección para otorgarlo a los que verdaderamente lo necesiten. Es muy triste ver que los más necesitados, con situaciones críticas en sus viviendas, no reciben esa ayuda mientras que otros sí”, puntualizó.

“Se nos dio el caso de una señora mayor que hizo la solicitud y se le aprobó. Con el dinero del subsidio que, supuestamente, era para una reparación, tiraron la placa y compraron puertas y ventanas de hierro, cuando eso no era para lo que se había otorgado”.

“También hemos tenido personas a las que se les ha entregado el subsidio y no han llevado a cabo acciones constructivas sino que han empleado el dinero en otra cosa. A una mujer, por ejemplo, se le otorgó un CBH y le celebró los quince a la hija con ese dinero. En esos casos se les puede llevar a los tribunales por incumplimiento de contrato”, aclaró.

Millares reconoce la complejidad del proceso de otorgamiento de subsidios, tanto para las autoridades gubernamentales como para la población pues, incluso, “se han dado casos de titulares a los que se cita para comunicarle que ya se le otorgó el subsidio y, para ese momento, han fallecido. Eso lleva otro proceso, pues habría que analizar si el resto de los integrantes del núcleo familiar pueden proceder para pedir otro subsidio”.

Por su parte, Mejías Palacios, expresa que aunque en su municipio no es común que las personas soliciten subsidios innecesariamente, resulta muy positivo que se haya aprobado una nueva ley referente a este tema que disminuya las ilegalidades que se estaban cometiendo con la anterior.

Mejías manifiesta que desde el 2012 y hasta el 11 de mayo pasado, fecha en que se dejaron de aceptar solicitudes de subsidios, la solvencia económica era la causa principal para denegar una solicitud. “A veces las personas tienen una entrada superior a la que declaran y el gobierno valora que es más importante darle el subsidio a otra que lo necesite realmente”.

Mejías agrega que partir del próximo año ya no va a existir esa masividad, y “hay que explicarles a las personas que cualquiera puede solicitar el subsidio, pero solo serán aprobados a los que en verdad les haga falta”.

Las nuevas normas jurídicas están encaminadas a proteger este programa y obligar tanto a las personas como a las instituciones a asumirlo con seriedad y responsabilidad.

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Hay, sobre este tema, historias felices, otras tristes; algunas, incluso, rozan la autoayuda. Hace unos días, en Cubadebate, un usuario con el nombre ‘drr’, comentó: “tengo un tío que al le dieron un subsidio y más que eso fue un suicidio. Las colas para comprar los materiales fueron interminables. Tanto fue el cariño que le cogió a la tienda que ahora, con un carretón de caballos, se dedica a llevar los materiales a las casas de las personas que logran comprarlos. Al final hasta le surgió ese nuevo trabajo”.

Descargue aquí (954 Kb): La Gaceta Oficial No.15 Extraordinaria del 11 de abril de 2017

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(Tomado de Cubadebate)

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