Juan Padilla: “Por chiquito. Me dejaban a un lado. Ni siquiera me hacían las pruebas” (Entrevista)

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Cuando se hace un recuento de la pelota cubana después de 1959, muchos nombres, hechos y hazañas nos vienen a la mente. Pero si se habla de espectacularidad, emoción a granel, técnica, sabiduría del béisbol, levantar al graderío tras protagonizar un increíble doble play, ahí se cierra el grupo porque la combinación Germán – Padilla tiene el uno.

Y, precisamente, con uno de ellos, con el camarero Juan Padilla, conversamos hoy.

¿Cómo pudieron mantener tantos años esta relación tú y Germán Mesa? ¿Cuáles fueron las claves del éxito? ¿Cuál fue la primera vez que jugaron juntos alrededor de segunda?

“Buen comienzo para esta charla. Te voy a decir algo que nadie ha publicado antes. Yo estaba en la ESPA provincial y Germán en la EIDE (él es 2 años menor que yo). En el 1981 vino a visitarnos un equipo universitario estadounidense y aquí formaron uno mixto con jugadores juveniles y cadetes. Y ahí, por vez primera en nuestras vidas integramos la combinación alrededor de segunda.”

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¿Y después? ¿Cuánto tiempo pasó para que se volvieran a encontrar jugando regularmente?

“Yo llego a los Metropolitanos en 1983 y paso para Industriales en 1986; pues ese mismo año, entra Germán en los Metros. Yo jugaba con Rolando Verde como torpedero en los azules. No es hasta 1989 que comienza la combinación Germán Mesa – Juan Padilla en el equipo insignia, el equipo que amo y defiendo, Industriales.

“Relación que se vio interrumpida cuando Germán fue alejado 2 años y luego, en el 2000, cuando mi accidente doméstico dañó mi visión. O sea, salvo ese tiempo, fuimos una de las mejores combinaciones de doble play del país”.

¿Una de las mejores? ¡Qué modesto eres!

“Había otras que también hacían maravillas: Giraldo González -Alfonso Urquiola en Pinar del Río; Luis Ulacia- Sergio Quesada, Camagüey; Evenecer Godínez- Antonio Pacheco, por Santiago de Cuba; Juan Carlos ‘el Sopa’ Moreno- Alexander Ramos de la Isla de la Juventud; y después, tras el cambio generacional, los santiagueros Luis Miguel Navas- Héctor Olivera.”

Lamentablemente, en estos momentos, no hay ninguna que se pueda mencionar por la inestabilidad que presentan las alineaciones.

“A mí no me gusta comparar épocas, pero no te falta la razón. Mira, por ejemplo, Eduardo Paret, con varios intermedistas, hacía las delicias de todos. Era un excelente short stop. Hubiera integrado una gran combinación si pudiera haber contado con un segunda fijo”.

Hablamos de combinaciones de doble play. ¿Qué se requiere para integrar una que se recuerde por siempre?

“Independientemente de las cualidades que tengan el short y el segunda, debe haber una excelente comunicación; vaya, amistad. Germán y yo la teníamos, dentro y fuera del terreno. Cuando existe esa química, ninguno quiere sobresalir por encima del otro, sino que ambos se complementan para un mejor resultado.

“Te pongo un ejemplo; juego a favor de nosotros por amplio score. Nos decíamos: ‘vamos a hacer una jugadita para las gradas’, y lo fácil lo convertíamos en espectáculo. Nos poníamos de lado a la pelota, hacíamos señas para entrarle a la pelota. Convertíamos dos outs en emoción. Claro, hay muchas que sí salieron sin planearlas, sobre todo, ésas de los grandes momentos, porque en juegos trascendentales no había cabida para el montaje.”

¿Ensayaban en los entrenamientos esas jugadas?

“Sí, la técnica, pero jamás nos salió bien ninguna. O tirábamos mal a primera, o se caía la bola al pasarnos uno al otro; pero en el juego, al duro, nunca o casi nunca fallábamos.

“Nosotros teníamos señas. Si venía un rolling o un bounce. Nos situábamos según lo que estuviera tirando nuestro pitcher y según las características del bateador contrario.

“Con Jorge Luis Machado en el box (lanzador lento, de rompimientos), el 80% de los bateadores halaban sus envíos. Así según fuera derecho o zurdo, entrábamos a cubrir segunda, yo o Germán. Si el cátcher pedía recta afuera, con bateador derecho, entraba el torpedero porque el batazo iba por mi campo. Que a veces nos salía mal porque en lugar de dirigirla al jardín derecho, la halaba para el izquierdo ¡claro que nos pasó!”

Juan Padilla parece todo un profesor dando clases de los que son los doble plays a peloteritos jóvenes, la falta que hace eso actualmente, cuando no existe, ni de chiste, ese concepto (al menos no se percibe).

“Mira, ¿recuerdas a Lázaro Junco, Romelio Martínez, cualquier otro slugger? Ellos halaban para su mano; como bateadores derechos de poder, en su mayoría, conectaban para el left. Ahí entraba yo a cubrir segunda para que Germán parara la bola en el campo corto.

“Otro ejemplo: Lázaro Valle, el supersónico pitcher azul, con sus más de 90 millas. Si lanzaba al medio o afuera entraba Germán; pero si la recta era pegada, lo hacía yo. Pero todo era pelotero por pelotero, según sus características: Alexander Ramos conectaba para el right field.

“¿Quién cubría? Germán. Pues aunque Alex era derecho bateaba en contra de su mano. No halaba. Entonces el que tenía que estar sobre su conexión era yo.”


A mí me encantaría seguir poniendo ejemplos de jugadas y peloteros que marcaron casi dos décadas de buen béisbol, excelente diría yo, de nuestras vidas. Claro, se haría muy extenso. Por eso, sobre este tema, ¿quisieras añadir algo?

“Pues sí. Nosotros teníamos como cinco tipos de doble plays; siempre dependiendo del corredor y el bateador. Si eran rápidos o lentos. El doble play que yo hacía más rápido era por encima de la base, y esa colocación yo la dejaban para los momentos críticos. Ya viniera la bola del torpedero o de tercera.

“A mí nadie me tumbaba en segunda, no me rompían el doble play.

“¿Sabes cuántas veces a mí me tumbaron en diecisiete Series Nacionales?: una sola vez, Lamarque, el holguinero, que permitió que entrara el hombre desde tercera. Por eso hay que pensar, tienes que tener en tu mente el infield e imaginarte por las características de pitcher-bateador qué va a pasar.”

Y específicamente, ¿qué debe poseer un buen camarero?

“Algo de lo que poco se habla y es el brazo; un brazo potente te permite pivotear, convertir en outs los quietos. Se habla de que las segundas bases tienen que ser rápidos, inteligentes, habilidosos, saber reaccionar; pero si a eso añades el brazo, tendrás un intermedista completo. Ésa era una de mis ventajas.”

Hablando de tu pasión, nos hemos olvidado de tus inicios que creo no fueron nada favorables para ti, porque al igual que le sucedió a Alfredo Despaigne, no te querían por chiquito.

“Yo nací y soy un producto de Santiago de las Vegas. Hijo de Gil y Mariana, vine al mundo en 1965, en cuna muy pero muy humilde. Con nueve años entro al terreno Raúl González Diego de la Catalina en Santiago de las Vegas, bajo la égida de Rolando Núñez, conocido por ‘Chavito’ por ser sobrino del gran Pedro Chávez, quien también es oriundo de esa localidad.

“Me enorgullezco de ser fruto de su consagración hacia mí, ¿y sabes por qué? Porque yo jugaba solo en manigua. Por el barrio tiraron papelitos para hacer una captación de peloteritos. Éramos 50. En una de las pruebas yo me quedé sin tenis, que estaban rotos y ¡ya sabes!. Acabé con los pies muy dañados. Eran muy pequeño y así y todo quedé entre los 25 muchachos que dejaron. Y ahí me empezó a entrenar Chavito.

“Jugué en las categorías menores, desde 9-10 hasta los juveniles, como primero, segundo y tercer bates. O sea, no pienses que lo mío era defender. Yo siempre bateé. Empecé en los jardines y me pasaron a la segunda. Vine a crecer con 16 años porque antes parecía un chico de 7.”

¿Y por qué no entraste en la EIDE?

“Por chiquito. Me dejaban a un lado. Ni siquiera me hacían las pruebas. Año tras año, venían los profesores de la EIDE a la caza de talentos y yo bateaba, corría, fildeaba ¡hasta pitcher fui! Y jamás se fijaron en mí.

“El Chino Fonseca decía que era muy chico. Él es un buen técnico pero se equivocó conmigo y con Javier Méndez, a quien le pasaba lo mismo en su municipio de Santa Fe.

“Y de veras que a mí me hacía no solo ilusión sino falta, el haber podido matricular en la EIDE. Mi familia era en extremo humilde y hubiera sido un alivio tener una boca menos que mantener. Se llevaban a los que ni bateaban ni fildeaban pero tenían un buen somatotipo.”

Pero finalmente pudiste entrar a la ESPA, ¿no?

“¡Crecí!, como te dije a los 16. Yo seguía jugando bien y fui captado para la ESPA provincial Manuel Permuy.

“En total, tomé parte en unos Juegos Nacionales Escolares y dos Nacionales Juveniles. Siempre entre tercer y quinto bates. Yo era más bateador que fildeador. Tras un curso en la ESPA entré en los Metros.”

En la temporada beisbolera 1983-84 hace su debut Juan Padilla con los Metros; en el 85 juega bajo el mando de José Miguel Pineda en la Selectiva con el equipo Habana, y en ese propio año pasa a los Industriales.

“También en ese 1985 con 18 años integro el Cuba B, que hizo un gira por Japón y México. En el 86 integré el elenco principal a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santiago de los Caballeros en República Dominicana y el Mundial de Holanda. Siempre como utility porque Antonio Pacheco era el titular.”

¿Nunca te molestó esa situación, ser el segundo?

“Yo nunca me sentí segundón. Jugué campo corto, tercera y segunda. Me sentía útil. Pacheco siempre fue hombre y amigo. Somos amigos. En esos juegos que los rivales eran muy inferiores, yo jugaba, y daba tres líneas. Él venía y me decía: ‘Gago, no puedo darte un brake’ y yo le respondía ‘Capitán, cuando estés cansado y me necesites, aquí estoy. Tranquilo’. Aprendí mucho de él. Es uno de los mejores bateadores cubanos de todos los tiempos”.

Juan Padilla ganó 4 veces con Industriales y el Habana: año 86 con Pedro Chávez como mánager; en el 91 con Jorge Trigoura y en el 96, con Pedro Medina; y en 1990, la Selectiva que dirigió Servio Borges. Internacionalmente, su carrera también fue muy exitosa.

“Yo soy doble campeón olímpico: Barcelona 92 y Atlanta 96, algo inigualable participar en citas olímpicas; jugué en cuatro Mundiales, tres Copas Intercontinentales, dos Panamericanos y dos Centrocaribes.

“Recuerdo entre mis grandes momentos los Panamericanos de Winnipeg, donde yo fui regular por la lesión de Pacheco; la Copa Intercontinental de Barcelona, también fui regular y segundo bate, y proporcioné el pase al oro al impulsar las tres carreras de la victoria sobre Japón.

“Y por supuesto el espectacular Mundial de Parma 88, con el relevo de Euclides Rojas, el jonrón de Lourdes Gourriel para empatar y el tubey de Lázaro Vargas para decidir. Yo corrí por Pedro Luis Rodríguez y anoté la que dejaba al campo a Estados Unidos. Tenía todas las posibilidades de haber jugado mis terceras Olimpíadas en Sydney pero sufrí el accidente que me privó de uno de mis ojos.”

En 17 Series Nacionales de Béisbol, Juan Padilla Alfonso conectó mil 914 hits; su promedio ofensivo ascendía a 307 con 149 cuadrangulares, 293 dobles, 68 triples, 913 carreras impulsadas y 961 anotadas. Su average defensivo es de 978.

“Yo a los 35 años me sentía de 20. Hubiera podido llegar a los 2 mil hits, quizás a las mil anotadas e impulsadas. El destino no lo quiso. Ese accidente doméstico me cerró la vida deportiva”.

¿Quieres hablar de ese episodio?

“Solamente agradecer a toda la afición nacional, no solo a la de la capital; a mis compañeros de todos los equipos y, por supuesto, al apoyo de Fidel que me alentó diciéndome que la vida solo cambiaba de rumbo pero que seguía adelante.

“Y, en efecto, a los treinta y tres días de operado estaba en el Latino jugando con los veteranos. Ni los médicos se lo creían. Después dirigí los Metros cuatro años, experiencia única de la que mucho aprendí; fui el segundo de Javier en su primer año como mentor de Industriales; conduje a semifinales a los Indios del Boer en Nicaragua y ahora soy un feliz cuentapropista.

“Tengo una gran familia: mi esposa Natasha, mis hijos Albita, Juan Ignacio, Diana, Dianelis y Julio César y mis 3 nietos.”

No quiero dejar pasar por alto tu equipo TODOS ESTRELLAS de la pelota cubana. ¿Cuáles son tus favoritos?

“Comienzo por el director: Pedro Chávez. Él era una inspiración por su carácter, su sabiduría. Era ejemplo para todos, aunque Jorge Fuentes fue el más ganador y excelente también. En el infield, Antonio Muñoz, Antonio Pacheco, Germán Mesa y Omar Linares; Juan Castro como receptor; en los jardines, Víctor Mesa, Hermidelio Urrutia y Luis Giraldo Casanova. Designado: Orestes Kindelán. Como pitchers, Pedro Luis Lazo, Jorge Luis Valdés y Euclides Rojas.”

Sigues la pelota como el primer día porque los Industriales son tu vida. ¿Te alegró el triunfo del Yuly Gourriel con los Astros de Houston?

“Claro que sí. Fui su entrenador de cuadro con los Industriales. Jugué con su padre. Los quiero a ambos, a la familia. Pero además, el triunfo de cualquier deportista cubano es mi triunfo. ¡Estén donde estén!. Creo que es tiempo ya de asumir esto. La bandera es de todos. Él fue el primero en envolverse en ella tras el out 27.”

(Tomado de CiberCuba)

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