El Yuli celebra el triunfo de los Astros con la bandera cubana

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Acabo de ver una imagen que, al unísono, me colmó de alegría y de tristeza. Un niño al que vi nacer en suelo espirituano, un cubano de los pies a la cabeza, Yulieski Gurriel, se envolvía en su bella bandera cubana y disfrutaba a vivo pulmón el primer triunfo de los Astros de Houston en Series Mundiales.

En su debut, en su primera oportunidad en las Grandes, este gallito de pelea se ciñe en su dedo su primer anillo. Tuvieron que suceder muchísimas cosas para que el criollo disputara esta final. Grandes, enormes conjuntos quedaron por el camino, pero lo cierto es que su equipo, los Astros, son los campeones de la MLB en esta temporada.

¿Qué por qué alegría y tristeza? Sencillo: alegría, porque aunque la Televisión Cubana haya dado un enorme paso de avance al transmitir (con 24 horas de diferencia motivado por los derechos televisivos según se ha dicho), el play off de las Grandes Ligas, con 3 cubanos incluidos: el Yuli, Yasmany Grandales y Yasel Puig, pero no podemos “saborear” completamente el triunfo porque -y ahí viene la tristeza-, al menos por el momento, el inicialista de Houston no podrá vestir la camiseta del Cuba en el quinto Clásico o en los Juegos Olímpicos de Tokío 2020.

Recuerdo el retiro de su padre, el inmenso Lourdes Gurriel, en su natal Sancti Spíritus, cuando fuera ovacionado en el estadio “José Antonio Huelga”. Allí, el Yuli niño me confesó bajito, serio, como quien habla para dentro de sí: “lo único que quiero es ser como mi padre, llegar al team Cuba, ser un buen pelotero como lo ha sido él”.

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Transcurrió el tiempo y aquel niño pasó a ser un adolescente, un juvenil, un adulto, educado por una hermosa familia, esa de Olguita y Lourdes; esa del Yuni y Yunito a la cual un día bautizó un gran amigo mío, el Gordo Basanta, como el Clan Gourriel.

Cuando tuve el honor de compartir con él en eventos internacionales, en los cuales quizás no le fue como él mismo esperaba, yo siempre le decía: “pesa, pesa mucho ser el hijo de tu padre, pero verás que algún día sonreirás a tus anchas” y ese día llegó.

Mirándolo desde un punto de vista objetivo, sobre todo, porque la suerte, los tropiezos, las lesiones, una mala decisión arbitral, pueden dejar a un lado cualquier esperanza de llegar a la final, ¿cuántos anillos ha perdido este superdotado muchacho que dejó nuestras Series Nacionales bateando 500? O sea, que estaba muy por encima del resto de sus compañeros de todo el país.

Mucho esperó el Yuli (lo sé muy de cerca) porque la MLB y la pelota cubana se pusieran de acuerdo, para que los nuestros pudieran jugar sin limitaciones en el mejor béisbol del mundo. Cumpliría los 30 y seguía esperando. ¿Hasta cuándo?

El Yuli ama a Cuba, lo demostró hoy con esa bandera suya que tanto respetó siempre, no como otros que la echaron a un lado para acogerse a una extraña, con la que nada tenía que ver.

El Yuli Gurriel no. Hizo honor a su apellido, colmó de orgullo a todos los cubanos. Por suerte, y a pesar de los pesares, y de la política que va y viene, creo que está más cerca que antes la posibilidad de que al igual que los dominicanos, boricuas, venezolanos, japoneses jueguen libremente en la MLB, los nuestros puedan hacerlo sin tener que abandonar su Patria.

En el Yuli hoy se ven los René Arocha, Ariel Prieto, José Ariel Contreras, el Duque y Liván Hernández, y más para acá los Kendry Morales, Aroldis Chapman, Candelita Iglesias, Yoennys Céspedes, Alednis Echevarría y unos cuantos más que se acercan a los 50, que nunca , aunque quisieran, pudieron vestir la franela del Cuba.

Ahí tenemos por ejemplo, a Pito Abreu, que es el tercer pelotero en la historia de la MLB que en sus primeros 4 años conecta más de 25 jonrones e impulsa más de 100 carreras, hazaña solo protagonizada con antelación por el legendario estadounidense Joe Dimaggio y el estelar dominicano Albert Pujol.

Así que aquel niñito que despedía del béisbol activo a su padre hace más de 20 años, conquista otro anillo para la Mayor de las Antillas, que se une a los 4 del Duque, el de su hermano Liván y el zurdo Chapman.

Dejemos la tristeza detrás, ya vendrán tiempos mejores; celebremos con el Clan Gurriel, con Sancti Spíritus, con los Industriales, con el Cuba: otro de nuestros hijos es campeón de la MLB, el mejor béisbol del mundo; otro fruto de la pelota cubana, de nuestros entrenadores.

Ojalá y más temprano que tarde, todos se pongan de acuerdo, y no solo en el béisbol sino en todos los deportes, nuestros atletas puedan representarnos y hacer que los triunfos, aquellas epopéyicas victorias del voly, de la pelota, del polo acuático, del básquet hagan las delicias de la gran afición cubana.

(Tomado de CiberCuba)

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