Cuentapropista permiten a turistas pagos de alquiler de almendrones en bitcoins

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Cuentapropistas cubanos han sacado un nuevo servicio Peer to Peer (de igual a igual), que ofrece a los turistas alternativas a la hora de alquilar autos en Cuba: desde almendrones hasta ladas y Moscovitch, permitiendo el pago de la reserva en bitcoins, tarjetas de crédito o transacciones bancarias.

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Usando bitcoin, aclaran fuentes de Cuba, se permite a los ciudadanos estadounidenses hacer la reserva de forma anónima, para intentar evadir las consecuencias legales del embargo económico de EE.UU. a la Isla y las regulaciones del presidente Donald Trump, que buscan que el dinero de los norteamericanos no vaya a parar a compañías gestionadas por militares cubanos.Un ejemplo de esto es que para finales de este mes y principios del próximo, los precios que ofrecen se mueven entre los 42 y los 120 CUC al día.

Tus ventas a otro nivel

El negocio funciona más o menos igual que el alquiler de casas particulares, aunque no era legal hasta el pasado 7 de diciembre, cuando entró en vigor el decreto Ley 168 sobre la Licencia de operación de transporte, aseguran los emprendedores que han sacado adelante la empresa, con experiencia en el sector del alojamiento particular en Cuba.Según explican en su página el funcionamiento es sencillo: los dueños de carros anuncian su disponibilidad y el cliente, si quiere contratarlo, accede a dar un adelanto en concepto de reserva.

Este tipo de negocios, insisten, suplirá las carencias de autos de alquiler que sufre de forma crónica la Isla debido a que la oferta del Gobierno cubano es insuficiente.Los propietarios de carros particulares que quieran apuntarse en la web tienen que tener un seguro contratado. Les piden el mismo que exige el Gobierno cubano a la hora de conceder las licencias a los cuentapropistas.

cubatel.com

Con las nuevas restricciones de Trump a los viajes a Cuba ,que afectan las modalidades de “pueblo a pueblo”, los de carácter “educativo” y de “apoyo al pueblo cubano”.Esa restricción sólo deja abierta la puerta al alquiler de una habitación en una casa particular, comer en paladares y hacer compras en tiendas de propiedad privada “gestionadas por cubanos que trabajan por cuenta propia”.

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