Conozca al cubano que ha sobrevivido a seis impactos de rayo

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Juan Márquez

Dicen los sabios populares que cuando una persona es impactada por un rayo lo mejor es enterrarlo en la tierra y esperar a que su cuerpo se descargue. La suposición tiene explicación aparentemente lógica, pero la ciencia no ha logrado confirmar ese planteamiento.Ante el poder destructivo de las descargas eléctricas, lo mejor es no tentar a la suerte, y ser precavido.Es cierto que algunas de las víctimas sobreviven, pero permanecen con secuelas psíquicas y fisiológicas que le acompañan para toda su existencia.

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Uno de ellos, quizás el más famoso, resulta el campesino cubano Juan Márquez, llamado el Hombre Pararrayos, quien asegura haber sido impactado en seis ocasiones y vivir para contarlo.Natural de la zona rural de San Manuel, en el tunero municipio de Puerto Padre, Márquez tuvo su primer encuentro con la muerte en 1982, cuando viajaba en un tractor y desde entonces toma medidas extremas cada vez que aparecen nubes negras en el horizonte como presagio de tormenta.

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«El primer rayo fue el 5 de junio de 1982, en Santa Bárbara, aquí cerca. Se metió por el tubo de escape del tractor. Sentí enseguida en el cuerpo una frialdad como cuando entras a un lugar con aire acondicionado. Íbamos tres, pero nada más me afectó a mí.

«Caí redondito. Los otros gritaban: ¡Corran, que el trueno jodió a Márquez! Como me estaba poniendo morado, uno de ellos picó un trozo de caña, me abrió la boca y me atravesó el canuto entre los dientes. Así logró sacarme la lengua para que respirara. Estuve más de un día sin conocimiento en el hospital.«Ese rayo me perforó los tímpanos y durante un tiempo no pude mover la mano derecha. Además, me quemó la espalda desde el huesito de la alegría hasta el cuello. El pelo me cogió candela como si lo hubieran prendido con alcohol y fósforos. Ahhh, ¡y no me dejó un empaste sano! Al tractor le fastidió la tapa del block, los espárragos…»

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Lo que quizás Jorge Márquez tuvo por una jugarreta de la fatalidad, se repitió el 2 de junio de 1987, de nuevo en Santa Bárbara.«Estaba de visita en casa de un amigo y en eso un aguacero. Me asomé a la puerta para ver si escampaba. Y en eso, el fogonazo. Sentí que me recorría un cosquilleo raro. Y un sonido como el del hierro caliente al mojarse en el agua. Me tumbó y de nuevo tuvieron que acomodarme la lengua. Recuperé el sentido en el hospital».

Márquez, comenzó a preocuparse. «¿Tendrá algo mi cuerpo que atrae los rayos», se preguntó. Andaba todavía a la caza de la respuesta cuando una llamarada celeste lo llevó a la «lona» por tercera vez, ahora en el círculo social de San Manuel. Era el 23 de junio de 1987.«Parece que solo me cogió de refilón, porque, aunque me tiró, no perdí el sentido como las otras veces. Aunque luego tuve dolor de articulaciones y dificultades para respirar. Lo raro es que no había ni una nube. Quemó uno de los transformadores de la zona.

«El cuarto rayo me tomó de sorpresa sembrando maíz en mi finquita, el 8 de julio de 1991. Y el quinto, en 1998, mientras caminaba por el patio de la casa. Fueron los más débiles, pues casi no me afectaron. Y no porque cayeran lejos, sino porque parece que ya mi cuerpo se iba adaptando, si es que eso puede ser posible».

Márquez se acuerda como si fuera hoy de las consecuencias del sexto y ¿último? rayo inscripto en su insólito currículo. Se le abalanzó el 13 de junio de 2005, dentro de su propia vivienda en La Julia.«Aquello fue el acabóse. Fíjese que achicharró el televisor, el mando y toda la cablería de la casa. También fundió los bombillos de 220 voltios. En el patio mató una palma real y una guásima enorme. A mí me dejó abierta una mano y me resintió el tímpano derecho».«Cuando está tronando lejos el cuerpo me vibra, incluso las personas que están conmigo no lo sienten, pero ya yo me predispongo. Siempre busco algo para protegerme, como un aislante, bien sea una goma o cualquier cosa. Pero te aseguro que es un proceso malo, y me deja adolorido y que no me gusta revivir, y menos con frecuencia.

«Te juro creo que estoy imantado. Generalmente a las personas que le cae un trueno mueren, y mi cuerpo parece como si aceptara ese poder divino, a pesar de que me deja muy mal su efecto, y hay cosas en mí que a veces creo que son producto de estos, como por ejemplo el que me crece muy rápido las uñas y el pelo».«Hace poco leí 6 que un guardabosque estadounidense había sido alcanzado siete veces en su vida por un rayo. Ten la seguridad de que si eso es un récord, yo no tengo ningún deseo de superarlo.

«Sí, es cierto que los truenos me buscan, o me persiguen, yo trato por todos los medios de evitarlos. No salgo de la casa, o del lugar donde me encuentre cuando están en su apogeo, pues temo mucho sí, que un día, lejano o no, alguno, como tu bien pensaste, me parta en dos».De acuerdo con estadísticas del libro Récord Guinness, diariamente se desencadenan en el mundo unas 44 000 tormentas que producen una media de 8 000 000 de rayos, sin embargo la probabilidad de que uno de estos fenómenos impacte a un ser humano es de una en 60 000 aproximadamente.

Tomado de:Mirada Cubana

 

 

 

 

 

 

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